jueves, 3 de julio de 2014

3 de julio de 2006, el día de la vergüenza

Un caluroso mediodía de hace justamente 8 años, tenía lugar en Valencia, el accidente más atroz y vergonzoso que se recuerda en la ciudad.

Es el mayor accidente de metro registrado hasta la fecha y se llevó por delante la vida de 43 personas, evidenciando una gestión vergonzosa del mantenimiento y la seguridad en los medios de transporte, de la comunicación sobre el hecho, de la posterior investigación judicial o del tratamiento digno a víctimas y familiares:


LA VERGÜENZA DEL 3 DE JULIO DE 2006


Se trataba del metro que realizaba el trayecto de Valencia a Torrent y que descarriló a las 13:03h en la curva de la línea 1 que une las estaciones de Plaza de España con Jesús con cerca de 200 pasajeros. El convoy volcó sobre el lado izquierdo al circular a demasiada velocidad y se desplazó durante 70 metros destrozando (qué dura es la imagen) a todas aquellas personas que iban saliéndose por sus ventanas rotas (algo que no hubiera debido suceder así, si hubieran estado en condiciones).

Pero eso no era suficiente para los que sufrieron esa tragedia, había que esconder los hechos, pues el Papa Benedicto XVI venía en los siguientes días a Valencia y la gran Comunidat Valenciana, la de la prosperidad del turismo y el ladrillo, la de la Fórmula I, la Copa América o La Ciudad de las Artes y las Ciencias, no podía verse empañada por un suceso de ese tipo (y para eso estaba la sumisa Canal 9).

Ocho años después (sobre todo después de que el programa Salvados de La Sexta volviera traer a la actualidad este accidente), aún se descubre cómo hubo intención clara de ocultar y manipular información. Hoy quedan muchos datos y detalles (¿porqué no estaba regulada la velocidad en el tramo?, ¿porqué se culpabilizó rápidamente al conductor fallecido?, etc.) que deben saber los familiares de las víctimas, que lo piden los días 3 de cada mes, a través de las concentraciones coordinadas por la Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio



Por eso hoy, me siento en la obligación de tener un recuerdo para las víctimas y al mismo tiempo de hacer una llamada a la verdad, a la necesaria aclaración de los hechos, de los culpables (directos o indirectos, por acción u omisión), un homenaje digno de los muertos que demuestre que la sociedad está a la altura de las circunstancias y lucha cada día por proteger o al menos salvaguardar la memoria de cada uno de sus miembros.


43 MUERTOS + 47 HERIDOS = 0 RESPONSABLES

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