viernes, 3 de mayo de 2013

Abajo los sindicatos, arriba los trabajadores

Creo que no soy sospechosa de parecer poco solidaria o que ponga en cuestión la utilidad de grupos de trabajadores unidos que luchen por sus derechos ante empresarios y poderosos.

Pero para mí, los sindicatos, como organización, entidad e incluso como término lingüístico, han perdido su razón de ser a raíz de olvidar sus valores y los motivos por los que nacieron. 




No soy la única que así los piensa, pues los últimos informes publicados por la Comisión Europea indican que la afiliación sindical ha perdido peso en Europa en los últimos veinte años y con especial fuerza desde el inicio de la crisis en 2007. 

Celebrábamos el miércoles, el tan manido 1º de mayo, cuando muchas de las personas que hasta hace poco tenían empleo, lo han perdido hasta llegar a los actuales 6.202.700 de desempleados. 

Ignacio Fernández Toxo, líder de CC.OO y Cándido Méndez, secretario general de UGT, pedían pactos globales, entre Gobierno Central y agentes sociales para avanzar en materia de empleo y conseguir remontar esta cuesta hacia abajo que parece imparable, pues al acabar 2015 el paro será casi del 26% de la población activa, según palabras del propio Mariano Rajoy. 





Pero, sin olvidar los grandes logros obtenidos en los últimos siglos, me da la impresión de que los sindicatos ya no son una pieza fundamental del Estado de Derecho

Yo opto (antes de ponerse a pactar, algo que también parece difícil), que a nosotros los trabajadores, nos represente una agrupación que no parezca caduca y que rompa con los privilegios que hasta hoy detentan los principales sindicatos: 

  • Muchos de los sindicalistas son patronos en grandes empresas nacionales. 
  • Otros son patronos de bancos españoles o forman parte de los consejos de Administración de las Cajas.
  • Ellos mismos que critican la reforma laboral, hacen EREs en sus sedes, acogiéndose a las medidas que perjudican a los trabajadores, como el 'despido libre'. 
  • Realizan actividades económicas y reciben cuotas y donaciones que no tributan en beneficio de todos los españoles. 
  • Al recibir subvenciones de los poderes públicos, su independencia es muy limitada.
  • Y ya, más a título personal, puedo asegurar que hay liberados sindicales que usan las horas sindicales para excusarse del trabajo, reduciendo su productividad y no siempre realizando labores relacionadas con el sindicato. 
  • Además, un pequeño detalle, pero se debe saber que los días de huelga, los trabajadores que se suman a ella, no cobran su sueldo, mientras que sí lo hacen los sindicalistas. 
Situaciones,detalles, mitos o no, que hacen que el mapa sindical de España esté debilitado y haya perdido fuerza, en una época en la que más se necesita de unión, fuerza y representatividad.



Por eso yo optaría por una renovación total de los sindicatos, o incluso por la creación de nuevos estamentos que realmente representen al trabajador y no sólo a personas que buscan que no los muevan de su sillón, más independientes y más transparentes. 

Los expertos señalan que modelos del norte como el escandinavo (Dinamarca, Noruega, Suecia o Finlandia) son ejemplos a tener en cuenta, pues dotan a sus sindicatos de una mayor independencia y de más poder económico para representar a los trabajadores sin tanta carga ideológica y financiados únicamente por las cuotas de los militantes.

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