viernes, 22 de febrero de 2013

Por favor, apaguen sus móviles un ratito al día...

No sé si existen ya normas de protocolo para el uso del móvil (hay ideas y manuales casi para todo), pero sobra decir la incomodidad y la falta de respeto que se desprende cuando consultamos nuestro teléfono móvil mientras estamos conversando en persona, con cualquiera.

De hecho, hace poco me llegó al Whats App (cómo no), la siguiente imagen que me pareció una gran idea y al mismo tiempo una llamada de atención sobre los malos hábitos que estamos tomando y que por ende, heredarán las futuras generaciones.



He buscado en la web (cómo no) y la imagen pertenece al blog Reflexiones Instantáneas by Max, que por cierto os recomiendo, y es para mí punto de partida de una reflexión... ¿Las nuevas tecnologías están acabando con la comunicación personal?

No me voy a poner profesional, que bastante Teoría de la Comunicación aprendí y sigo aprendiendo de los grandes autores (Watzlawick, Adorno, etc.), ni hablaré de adicciones (muy reales y preocupantes de las que cada vez más alertan los psicólogos y sociólogos).

Me ceñiré únicamente a nuestro día a día y a los efectos perniciosos que veo en el uso compulsivo del teléfono móvil (ahora smartphones, todavía con más apps y gadgets con los que entretenernos), en las relaciones sociales.



Veo en los transportes públicos que cada vez menos gente mira por las ventanas, disfruta del paisaje o se encarga de analizar a la fauna humana que componemos el mundo, veo cómo las reuniones de amigos o familia se ven interrumpidas continuamente por pitidos, llamadas o mensajes, veo cómo las parejas salen a cenar y pasan media velada con el móvil entre las manos, veo que cada vez más gente chatea, consulta Facebook o Twitter, en lugar de leer antes de acostarse, veo móviles encendidos en el cine, que deslumbran al de al lado e impiden que su propietario se concentre en la trama... y podría seguir líneas y líneas.

Así que bien sea mediante el juego que proponía Max, mediante un esfuerzo personal o incluso a través de prohibiciones en el entorno (apagar el móvil a la hora de comer, cuando se queda a tomar un café o en las horas de descanso...), creo que debemos acabar con esta obsesión de comunicación que nos arrolla y nos impide disfrutar de una película, una conversación o de la simple NADA (que junto con el silencio tanto se necesitan de vez en cuando).

Yo me lo he propuesto y os lo recomiendo a vosotros:



Por favor,


un ratito al día...

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