viernes, 4 de enero de 2013

Ya vienen los Reyes...

Se acerca ya el final de las fechas navideñas, que este año han sido para mí muy cansadas, tanto viaje, tanta comida, tanta bebida y tanto encuentro familiar (pero que siempre se agradece).

Eso sí, llega mi momento más esperado de toda la Navidad, la llegada de S.S. M.M. Los Reyes Magos de Oriente... y sus regalos.



Esta preciosa tradición que se mantiene viva a pesar de la incursión en estampida de Papá Nöel, que resulta más cómodo para los niños al disfrutar durante más tiempo de vacaciones de sus regalos, pero que no tiene ese arraigo español y se convierte en un nuevo gasto para las familias.

Por eso hoy quería hacer una gran defensa de estos Reyes Magos de Oriente que, tras el nacimiento de Jesús, acudieron desde países extranjeros para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oroincienso y mirra.

Y es que, desde siempre, los niños han vivido con la magia de mandarles una carta a los reyes pidiendo los regalos que desean e indicando lo bien que se han portado ese año.


En la noche del 5 de enero Melchor, Gaspar y Baltasar, se encargarán de dejar en casa los regalos solicitados o carbón para los que se hayan portado mal (aunque esto debe ser leyenda, porque yo no conozco ningún caso).

Ya al día siguiente, 6 de enero y festivo en toda España, la ilusión y alegría desborda a niños y adultos que abren sus regalos, comen en familia y toman el típico Roscón de Reyes.

Una fiesta verdadera, autóctona y que todos recordamos con mucha nostalgia, si no al recibir nuestra primera bicicleta, al conseguir una muñeca en concreto o simplemente por la cabalgata o los rituales de la víspera...




Así que yo, mañana por la noche dejaré una copita de vino para cada Rey, acompañadas de galletitas y dulces navideños y un cuenco con agua para los camellos que seguro que vienen con sed y esperaré con nervios a ver qué fantásticos regalos me traen.

¡FELICES REYES!

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