lunes, 22 de octubre de 2012

Mejorar la comunicación con los hijos


Por fin ha caído en mis manos "Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen", un libro didáctico para favorecer la comunicación en familia. 


Llevaba tiempo oyendo hablar de este libro, fácil de leer y con ejercicios básicos para mejorar las relaciones paterno-filiales que gracias a una mamá del cole de Víctor, puedo ahora tener en mis manos.

Sus autoras, Adele Faber y Elaine Mazlish, madres y expertas tras 20 años formando parte en talleres de educación, han conseguido aunar pautas básicas de comunicación y educación con ejemplos y tiras cómicas que ayudan a captar el mensaje y empezar a hablar para que nuestros hijos nos escuchen.


Como ocurre con "Duérmete niño", de Eduardo Estivill (prácticamente mi libro de cabecera en los primeros meses de madre), se ha convertido en España en un bestseller con herramientas para ser eficaz con los hijos. 

Aunque en este caso, mucho menos controvertido que el Método Estivill, este también parece eficaz, sencillo y directo pero con la necesidad (como en todo) de ser constante, lógico y coherente.

Buscando, como la mayoría de progenitores, hacer que las relaciones con mi hijo sean menos estresantes y más gratificantes, me dispongo a aprender cómo enfrentarme con sus sentimientos, a expresar mis enfados sin ser ofensiva, a conseguir la cooperación voluntaria de mi hijo, a poner límites firmes y mantener la buena voluntad, a encontrar otras alternativas al castigo y finalmente  resolver los conflictos familiares pacíficamente


Tarea difícil, pero que suele parecer tan simple en los libros de "autoayuda" que no me avergüenzo de leer de vez en cuando sobre todo para enfocar la educación de mi hijo, porque dicen que "los niños vienen sin libro de instrucciones", pero yo añado que si leemos cómo montar un mueble de IKEA, o cómo programar el DVD, debemos leer al menos lo que especialistas y estudiosos han recopilado a lo largo de los años como lo que "menos traumatiza" a nuestros hijos, cuando los educamos.

Para ello, como indican las autoras, me dispongo a leer un capítulo cada semana y a poner en práctica los ejercicios, os iré contando los progresos que consigo (tanto en mí como en él).

Para esta semana los deberes son "Ayudar a Víctor a afrontar sus sentimientos":
  • Escuchar con atención.
  • Reconocer los sentimientos con la palabra: “¡vaya!”, “ajá”, “ya veo” en vez de preguntar y aconsejar (expresiones que invitan al niño a explorar sus propias ideas y sensaciones y hallar una solución).
  • Dar nombre a los sentimientos: cuando el niño escucha las palabras que definen lo que está experimentando, recibe consuelo. “Parece muy frustrante…” “¡Que indignado estás!”
  •  Conceder al niño sus deseos en la fantasía: “me encantaría tener una varita mágica o tener poderes mágicos para…”

¡¡¡PACIENCIA VEN A MÍ!!!
 ;-)

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